Optimicen optimismo

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Optimicen optimismo

Si definimos lo que es optimismo podemos decir de manera práctica que se trata de esperar resultados positivos en un futuro supuestamente incierto, teniendo la esperanza (no expectativa) de que las cosas funcionarán bien. Me gusta distinguir entre esperanza y expectativa ya que no es lo mismo. Una diferencia importante entre estos dos conceptos la encontramos en el precio (psicológico) que debemos pagar. Si bien la esperanza no tiene una carga asociada, con la expectativa sucede lo contrario. Esta última dependerá de la creencia que tengamos sobre la consecución de un resultado en función del esfuerzo invertido en él. Es decir, “si hago tal cosa, sucederá tal resultado” teniendo en cuenta que dicho resultado tiene un valor (p.e. psicológico) para nosotros. ¿Qué sucede si no se consigue?. ¿Qué precio psicológico pagaremos?. En mi opinión, y es lo que aconsejo a las personas que me piden consulta al respecto es hacer una introspección y desde, el aquí y ahora (presente), determinar qué podemos hacer nosotros para que, efectivamente, las cosas vayan lo mejor posible. De entrada les sugiero la distinción anteriormente citada, y en caso de inclinarse por expectativas contar únicamente con las fortalezas propias. Es decir, si un resultado depende de nosotros en un alto porcentaje (p.e.90%), obviamente será más probable su consecución que si fuese al revés (el 90% depende de lo que hagan los demás por nosotros). Es una evidencia, pero debemos recordarlo y sobre todo recordárnoslo en cada decisión que tomemos. Pero además, debemos trabajar a tres niveles: pensamientos, emociones y conductas. Veamos cómo materializar el optimismo en nuestra vida diaria.

Si nos vamos a la personalidad, una de las cuestiones más estudiadas es el llamado patrón de conducta tipo A. Estas personas se caracterizan por ser muy competitivas, impacientes, e incluso agresivas en las formas. El lado opuesto lo encontramos en el patrón de conducta tipo B, en el que las personas ajustan sus tiempos, no viven continuamente en la búsqueda del reconocimiento social, etc. ¿Qué tipo de personas necesita el optimismo?. Cuando comentaba la cuestión de las expectativas, de manera latente estaba dedicando las líneas a dos formas de pensar la influencia que tenemos nosotros en el resultado, debido a nuestras acciones. El lugar de control en el que se sitúa la persona en función de la responsabilidad de los resultados es un aspecto atrayente a la hora de considerar el mantenimiento del optimismo. A mi juicio, una persona que considere que los resultados dependen en cierta medida de sus acciones es una persona que entenderá el optimismo como variable objetiva. Por el contrario, una persona que considere que se trata de la suerte y/o factores de casualidad es una persona que más pronto que tarde, considerará el optimismo propio (y con ello su esperanza de futuro) dependiente exclusivamente de los otros. En mi opinión, se crea una dependencia emocional innecesaria. Adelanto que ninguna dependencia es necesaria y mucho menos la emocional. Para ello tratamos de entender que somos capaces de llevar a cabo acciones con los recursos que disponemos. Elegimos caminos lo más consistentes posible con nuestra forma de hacer. Y en función de estos y cómo trabajemos con ellos, el resultado será uno u otro (pero siempre en positivo).

En mi opinión, y es algo en lo que todos estamos de acuerdo, es que existen tres grandes “momentos” a los que debemos prestar atención: prevención, afrontamiento y atenuación de consecuencias. Los psicólogos entendemos el afrontamiento desde tres perspectivas: (1) dirigida directamente a solucionar la fuente del problema; (2) evitar el contacto con el problema; (3) promover recursos de resistencia. Y es que al hablar de optimismo debemos tener en cuenta qué tipo de afrontamiento necesitamos en cada momento. Problemas vamos a tener, la cuestión es cómo afrontarlos para seguir siendo optimistas desde la acción. De los tres anteriormente citados, en mi opinión deberíamos subrayar el tercero, es decir, de entrada saber nuestro nivel real de compromiso y control sobre los acontecimientos diarios. Se trata de un elemento clave de nuestro capital psicológico a la hora de comprender y manejar, dando significado adecuado al entorno donde nos encontramos y la infinidad de variables que nos influyen desde dicho contexto situacional. Entender el optimismo desde la puesta en marcha de nuestros recursos es atender, además de los factores citados, al nivel emocional de flexibilidad y distanciamiento psicológico que somos capaces de desarrollar. Próximamente trataremos esta cuestión.

Francisco Javier Herrán Gamarra
Psicólogo del trabajo. Seguridad y Salud Ocupacional.

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